La oscuridad no se ilumina, se desnuda lenta y deliciosamente con la punta de los dedos, se alumbra con una sonrisa indolente, inesperada y sincera, se rompe la penumbra con las luces de nuestros propios latidos, se descubre el camino a medida que nuestros pasos, nuestros triunfos y nuestras derrotas despejan las sombras.
Luis

martes, 22 de mayo de 2012

Morriña

De praderas verdes y llanuras sólidas. De cumbres pardas y de escuetas siluetas, apostadas bajo las sombras de los sauces.

Perdida en la inmensidad de un lento y rítmico movimiento celestial, asomando su mirada destilada de marañas absurdas referentes a la honestidad y la belleza, se esconde entre las luces y se deja ver a medias por encima de los olivos.

Secreta, como los versos de los libros que dicen la verdad… misteriosa, igual que la incesante marea que barre sus márgenes sureños… volando por su cielo, brillantes y doradas como sus cultos, amanecen cada día la esperanza, la voluntad y la fuerza, la belleza, la humildad y la alegría, de la tierra de los valientes, Andalucía.

Contemplando su divina extensión, su mirada vieja y arrugada desliza sus pupilas derramando su sangre a lo largo de los surcos que quiebran su lisura, mientras pausada contempla el poder que sus rincones encierran.
El silencio, que se apodera de las estrechas calles que la recorren, marca sobre el suelo las huellas a fuego de los que pasean por aquellas. La magia del viento, sintonizado con el otoño y las hojas muertas, con el cabello largo suelto a la primavera, con el bochorno del verano y con el frío helado del invierno, sacude los recuerdos y los lleva a recorrer toda su superficie.

Su olor… sus perfumes cambiantes con las estaciones se expanden y contraen a la par que los pulmones, al igual que los bosques verdes que coronan sus abruptos picos de pureza y de vida.

Tierra de raza, de sentimiento, de verdad. De luchadores y de bondad, de garra y desenfreno, de pasión y arraigo puro. El fuego late bajo las tarimas, el albero se mezcla con el aire al paso de los caballos. 

Ai! Tierra judía, mora y cristiana, tierra libre y presa de tu propio fruto, hija de la sal y de la luz, madre de la poesía y de la blancura… sigue intransitable al paso del tiempo, que el tiempo pasa por mi piel y me arranca de las venas el amor que por ti tengo.

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