La oscuridad no se ilumina, se desnuda lenta y deliciosamente con la punta de los dedos, se alumbra con una sonrisa indolente, inesperada y sincera, se rompe la penumbra con las luces de nuestros propios latidos, se descubre el camino a medida que nuestros pasos, nuestros triunfos y nuestras derrotas despejan las sombras.
Luis

sábado, 26 de febrero de 2011

Lentamente

Sentir. Avanzar hacia el roce de su piel sin temor, recreándome ante cada uno de los detalles de su cuerpo. Deslizar mis escurridizos dedos bajo su ropa, sentir el calor que desprenden sus poros, escuchar los latidos de su corazón, sentir los latidos de sus células en mi tacto, atrapar su penetrante mirada entre las redes de la mía. Saborear sus labios mientras acaricio suavemente su cabello, entretejiendo mis manos con las suyas en su espalda.

Avanzar. Galopar suavemente por sus caderas, sin prisa, besando cada milímetro de su piel, sintiendo como su bello se electriza al percibir el roce de las yemas de mis dedos jugueteando a lo largo de su columna vertebral. Aproximarme hasta que nuestros cuerpos quedan perfectamente encajados en un abrazo simple y lleno de pasión. Y seguir besando sus labios.

Abrazar. Sentir su respiración contra la mía, sentir sus brazos rodeando mi cintura, rodear la suya con mis manos y apreciar cómo una fuerza imantada nos atrae el uno hacia el otro. Encontrarme en la oscuridad con su piel, darle rienda suelta a mi mente mientras pinta su mirada perdiéndose en el horizonte. Y continuar paseando mis labios por su cuello.

sábado, 19 de febrero de 2011

El Mar

La sal cubre poco a poco cada uno de los poros de mi piel. Lentamente, paso a paso, voy avanzando a través de las olas, me sumerjo en la engañosa claridad de las cálidas aguas, que me abrazan como si llevasen toda su vida esperando para poder contonearse ante mi cuerpo, acariciando cada milímetro de mi tez, degradada y transparente.

La luz del sol nubla mis sentidos, prolongando sus radiaciones hasta atravesar mi mente, aturdiendo a mi capacidad de reacción. Y sigo caminando entre remolinos de arena, agua y sal, dejando atrás centenares de pasos imprecisos que se borraron casi antes de levantar el pie.

Mi bello se eriza ante la extenuante suavidad con la que el agua envuelve a mis caderas,desbordada de pasión, asumiendo el control de mis desacompasados movimientos, subiendo a mis pies y haciéndome bailar suavemente al son de sus interminables vaivenes. Doy tres pasos más hacia el infinito. La marea roza descontrolada y ardiente mi abdomen, revolucionando sus corrientes y haciéndolas chocar contra mi costado, inquietando al tacto de mi piel, adormecido por la radiante emisión del sol.

Sigo adelante. El agua siente cerca su victoria, y en sus delirantes arrebatos de fulgor golpea mi pecho arrancándome el aire de los pulmones y la voz de las cuerdas vocales. Insaciable, no para de lamer fugazmente cada uno de mis poros con sus infinitas moléculas, hambrientas, deseosas de saborear mi dulce efluvio.

Finalmente, me entrego a su misterioso deseo, sucumbo ante la fuerza de sus lunáticos movimientos. Acaricia mis labios con suavidad primero, para continuar canalizando su inmenso potencial en un solo beso salado que se interna hasta mis entrañas. Me dejo llevar, y el mar me lleva hacia su interior mientras me dejo sorprender por los salobres asaltos de violenta pasión con los que me desnuda de mi piel y de mis sentidos. El oxígeno se torna innecesario ante la belleza con la que me maneja entre sus manos.

Simplemente me dejo arrastrar por sus encantos, y sus encantos me llevan con esa suavidad innata hasta el confortable fondo cubierto de algas y arena. Y allí yazco, cernido al éxtasis al que me conducen sus cálidos estímulos, dócil, transparente, frágil, atrevido, enloquecido. Y allí, rendido en un lecho de algas, me duermo mientras me abraza y me cuenta al oído el secreto de su encanto mortal. Y allí, rendido en un lecho de algas, me duermo para siempre.

domingo, 30 de enero de 2011

Volver

No pasa nada. Sólo ha sido una mala racha.

Volveré a ser el de siempre, el cínico, el elocuente, el explosivo, el pervertido, el enérgico, el positivista, el vividor, el buen amigo, el cariñoso, el amable, el risueño, el divertido, el inteligente, el entregado, el fuerte, el valiente. Esto no va a poder conmigo. Voy a volver a ser yo.

Ya esta bien de tanto victimismo. Ya es sufienciente, no más bajones, no más lágrimas sin sentido, no más pasotismo, no voy a volver a decepcionarme a mi mismo. Voy a volver a ser Yo.

Hasta Siempre, PeterPan.

martes, 18 de enero de 2011

Coma Profundo

Ahí estás otra vez

pintando flores de papel

Buscando un resquicio de luz

Que tiña tu noche de blues


Y yo sigo aquí del revés

Pensando en mil cosas que hacer

Tratando de hacer una simple canción

De Una estúpida historia de amor


Si ya no vuelves trataré de olvidar las cuentas pendientes, si tú no estás aquí…

Todo es tan absurdo... mi mente ha quedado ya en coma profundo, y no sé cómo sacarla de allí…


Raya en la insensatez

Buscar el amor otra vez

Después de cada decepción

Que parte en dos el corazón


Ya se resiente mi alma rasgada, errante, inerte, está cansada ya de fingir…

Hay que ser valiente, luchar por la vida con uñas y dientes, mejor no pensar ni sentir…





Grabación casera 100%, se oye bajito, poned altavoces o auriculares :)

domingo, 16 de enero de 2011

Las ardillas no saben amar

Sigue sin haber nada en este mundo comparable al amor. El amor te llena y te vacía, te absorbe y te desvela, te construye y te destruye. Cuando amas quedas envuelto en una vaina de seda que te abstrae del mundo, relaja tus sentidos y matiza tus cicatrices. Cuando estás enamorado el corazón se ensancha y la mente se simplifica, dejando de lado las banalidades que oscurecen tu alma. Te introduces en tu vaina de seda y gozas de su suave tacto, de su dulce perfume, de la intensa sensación de estar protegido de todo lo temible. La sensación de felicidad es tal que tu presencia se torna brillante, reveladora, pacífica. Pero cuando intentas salir de ella, su lisa textura se transforma, cambia su tejido, y se convierte en una cápsula hermética de hierro forjado, con paredes internas punzantes, que hacen que cada movimiento se aprecie como un martirio. Y no hay dolor más terrible que el de sentirse dentro de esa envoltura, fría y recia, agresiva, tan difícil de atravesar. Sólo tú, débil, con tus uñas y dientes, eres capaz de generar en su espesor una fisura por la que salir.

No hay fuerza en este universo capaz de generar tanto bien, ni tanto mal, como el amor. Y no hay nadie capaz de evitarlo. Tarde o temprano, de una manera u otra, el amor siempre vuelve a estar presente, guía nuestras vidas… porque una vez has probado la suavidad inherente en el lienzo de la vaina, no puedes resistirte a volver a internarte en ella cuando se presenta la ocasión, a sabiendas del riesgo al que te expones… El ser humano es infinitamente maravilloso. Cualquiera que se empeñe en creer que no somos más que animales, no se merece otra cosa que ser enjaulado y expuesto en el zoológico. Somos más. Muchísimo más.

jueves, 6 de enero de 2011

De vuelta a mi Orbe Cromático

No pienses. No te muevas. Quédate completamente quieto y disfruta del silencio, de la oscuridad que te envuelve. Corretea por los pasillos de tu mente, por las interminables estanterías llenas de recuerdos, sentimientos, pasiones, elecciones, besos, abrazos, roces, risas, lágrimas, luces, sombras, más besos, más pasión...déjate seducir por el reto de dejar tu entorno perfectamente inmóvil, ausente, irrelevante, bloquea tus movimientos y disfruta de ti mismo, de la suavidad de tus pensamientos...


Siéntelo. Siente tu mente latiendo con la fuerza de un torbellino, aprecia la caricia del viento sobre tu alma, el clamor del intelecto, la plenitud de tus inquietantes desvaríos... siente el torbellino, vuelve a introducirte dentro, mira tu reflejo en los espejismos de tu olvidada capacidad de evadirte de tu alrededor, mira los brillos de tu estrella, envuelve tus argumentos vitales, completamente justificados, en un gran velo opaco bien cerrado y tíralos por la borda... simplemente disfruta de ti mismo y no pienses en tu entorno... tu entorno se desvanece ante el vendaval de tu interior, tiembla ante la fuerza de tu torbellino, y comienza a bailar...

Vuelve a tu orbe cromático, y ahora percibe sus bellas canciones... escucha a tu alma! suena a mar, a fuego, a azahar... suena a guitarra, a arpegios suaves coordinados en melodías indescifrables, bellas por sí mismas, perfectamente rítmicas... suena a piano, a acordes sincronizados, inventados por nadie, porque nadie entra en tu torbellino, solo tú tienes la clave de sol de tu orbe cromático...


Y ahora... disfruta de tu momento, de tu evasión, coge fuerzas, recárgate con tu propia energía, y mañana... a pisar fuerte.


martes, 4 de enero de 2011

Deseo

El nuevo año comienza… y yo comienzo con él. Voy pisando fuerte, con nuevo look y nuevos proyectos. Tras un final de año tan estrambótico y malogrado, no podía hacer otra cosa que tirar la casa por la ventana, coger carrerilla y saltar al vacío, volver a arriesgarme y tirarme sin paracaídas a la vida. Y bueno, la vida vuelve a demostrarme que su dureza no tiene límites.

No pude evitar acudir a la ayuda de ese hombre que me llamaba en silencio, con miedo, como si esperara que fuese a agredirle con los ojos. No tendría menos de setenta años, llevaba una americana demasiado fina para utilizarla un uno de enero en Córdoba, unos pantalones demasiado cortos para ser de su talla, unas sandalias de verano por calzado y un carrito de la compra en el que había metido toda su vida. O lo poco que quedaba de ella. Ni siquiera sentí reparo al verle dirigirse hacia mí con pasos vacilantes, porque sus ojos no daban pie a negarle la palabra… eran demasiado tristes, arropados por unas ojeras que sólo aparecen cuando la luna te grita al oído noche tras noche. Ni siquiera mi pequeña acompañante canina se sintió amenazada por su presencia, porque no había intimidación en su persona. No quedaba nada en sus movimientos que diera pie a la desconfianza, no había apenas fuerza en sus pisadas, no había en él ni un poco de vida, no había fuego en su mirada ni ardor en su temple. No había nada en su cuerpo encogido que me sugiriera amenaza… y sin embargo era radiante. Radiaba tanta tristeza y tanto dolor, que hasta se podían escuchar los alaridos de su corazón, pidiendo paz y clemencia. Estaba desbordado de desaliento, desconcierto, desorientación, desesperanza, emanaba de sus pasos tan terrorífico sentimiento de inseguridad que mis piernas temblaron de miedo a que saliera corriendo antes siquiera de hacerme la pregunta que le había hecho dirigirse hacia mí…

Y sin embargo, haciendo alarde de una inigualable educación, rayada casi en lo servicial, se dirigió a mí con un “perdone, señor…” que dejó mis neuronas congeladas por un momento... creía que era un secreto, que sólo yo conocía el peso con el que los años y las decepciones habían ido cargando a mi corazón… y sin embargo, aquel anciano se había asomado a mis ojos y había visto la carga que los hundía en mi cuencas… me sobrecogió tanto que de repente me quedé prácticamente sin voz… pues en ese momento me di cuenta de quién me hablaba a través de su boca.

Y él formuló su pregunta… tan solo buscaba un hostal donde pasar la noche, le habían dado unas indicaciones pero no era capaz de encontrarlo. Y cuando al fin descubrí qué era lo que el anciano quería de mí, me apresuré a indicarle la dirección, señalando claramente el camino a seguir, intentando disimular mi tartamudeo, haciendo lo imposible porque no se notara que mi voz se había ido por un momento y acababa de volver. Él se dio cuenta, obviamente, de mi falta de reflejos lingüísticos y, asumiendo que su presencia había provocado en mi algún tipo de aprensión que inducía un aumento en mi torpeza y en mi inquietud, no dudo en disculparse ampulosamente por el sobresalto que había provocado en mi tranquilo y rutinario paseo nocturno, añadiendo agradecimientos pomposos que no dejaban claro si le había dado una dirección o un cheque en blanco.

Tras asegurarse de que mi estado psicológico no se había visto afectado por su irrupción, empuñó con fuerza su carrito de la compra, lo inclinó y se echó a andar en la dirección que le había indicado, arrastrando sus pasos lentamente, como si cada uno fuese a ser el definitivo. Y yo me quedé mirando como avanzaba… y sin darme cuenta una lágrima se derramó por mi mejilla.

Nadie debería tener esa mirada. Nadie debería estar poseído por la soledad. La soledad es fría y amarga, estremecedora, sonora, adictiva, voluminosa, exponencial, manipuladora y contundente. Es un manto frío que te cubre poco a poco hasta ocultarte en el olvido. Es la corrosión del alma, es el alma de la locura, es el depredador de los sentimientos bellos. Te mira, te elige y poco a poco te va bañando en sus aguas siniestras, para más tarde atraparte en sus profundas cavidades.

Sólo pido en este año no volver a ver soledad a mi alrededor, no tener que volver a ver los ojos de ese anciano y, si vuelvo a mirarlos, al menos tener la fuerza para reconfortarlos lo máximo posible.

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